martes, 9 de junio de 2015

LA SOBERANÍA DE DIOS Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA


POR: ARTHUR W. PINK
FILIPENSES 2:13 ”porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
En el capítulo anterior consideramos la cuestión de la voluntad humana. Hemos visto que la voluntad del hombre natural no es soberana ni tampoco libre, sino más bien es la sierva de su naturaleza caída y del pecado. No es posible sostener la doctrina bíblica de la depravación humana a menos que uno sostenga también el concepto bíblico de la esclavitud de la voluntad humana. Hasta que sea enseñado por Dios” el hombre natural negará que el pecado haya esclavizado tanto su mente como sus emociones y su voluntad. El hombre caído se jacta ‘de su “libre albedrío”, cuando en realidad está en servidumbre al pecado y es llevado cautivo a la voluntad de Satanás . (Vea 2 Tim.2:26.) Pero si la voluntad del hombre natural no es libre, ¿significa entonces que no es responsable por sus hechos? ¿Acaso Dios no puede inculparle por su orgullo, rebeldía e incredulidad?
Las Escrituras hablan continuamente de la corrupción moral y de la ruina espiritual del hombre. También declaran que el hombre es incapaz de hacer el bien espiritual, pero esto no significa que las Escrituras nieguen que sea responsable. Más bien, hablan continuamente de sus deberes hacia Dios y hacia su prójimo y exi gen una obediencia perfecta a los mandamientos de Dios. Entonces, el asunto más difícil es definir la relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.
Muchos en su afán por mantener la verdad de la responsabilidad humana, terminan negando de una u otra manera la soberanía de Dios. Estas personas dicen que si Dios fuera a ejercer un control directo sobre la voluntad humana, el hombre quedaría reducido a un títere. Por lo tanto, afirman que Dios no puede hacer más que advertir y exhortar al hombre; pues si Dios hiciera algo más directo, esto acabaría con la libertad humana. Otros han caído en el error del fatalismo; es decir, tratan de usar la soberanía de Dios para justificar su desobediencia y pecado, como si Dios tuviera la culpa.
Podemos resumir la enseñanza bíblica sobre este asunto con lo siguiente:
1- Dios es enteramente soberano. en todo sentido, sobre todas las cosas, incluso sobre todas las cosas, incluso sobre la voluntad humana. Pero la soberanía de Dios no quita ni disminuye en forma alguna la responsabilidad humana.
2- Los hombres son completamente responsables; son responsables por sus hechos, son responsables de obedecer, de creer, de hacer la voluntad de Dios, responsables por todo lo que hacen. Pero en ningún sentido la responsabilidad humana quita o disminuye la soberanía de Dios.
3- No existe contradicción alguna entre estas dos verdades. Pablo en Rom.9:11-24 da una exposición de las dos cosas. El lector debería hacer un cuidadoso estudio de los argumentos presentados por el apóstol en Rom.9 en defensa de esta verdad. También mucho s otros versículos declaran juntamente estas dos verdades. Vea por ejemplo Hech.2:23, Luc.22:22, Hech.4:24-28, Hech.13:45-48 y 2 Tes.2:8-14.
En este capítulo, trataremos con las siguientes preguntas:
1- ¿Cómo puede Dios detener a algunos hombres de hacer lo que ellos quieren e impulsar a otros a hacer lo que no quieren, y al mismo tiempo preservar su responsabilidad? (Es decir, considerarlos responsables.)
2- ¿Cómo puede el pecador ser responsable de hacer lo que por naturaleza es incapaz de hacer? ¿Cómo puede ser condenado por no hacer lo que es incapaz de hacer?
3- ¿Cómo puede Dios decretar que los hombres hagan ciertos pecados y después hacerlos responsables por cometerlos?
4- ¿Cómo puede el pecador ser responsable de recibir a Cristo y ser responsable por rechazarlo, cuando Dios no le ha elegido para ser salvo?
PRIMERO:
¿Cómo puede Dios detener a algunos hombres de hacer lo que ellos Quieren e impulsar a otros a hacer lo que no quieren, y al mismo tiempo preservar su responsabilidad?
En Génesis 20:6 leemos: “Y díjole Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te Permití que la tocases.” Aquí tenemos un caso claro en donde Dios detuvo a Abimelec de pecar, impidiendo que hiciera lo que de si mismo hubiera hecho. (Vea también los capítulos 22 al 24 de Números y 2 Crónicas 17:10 como ejemplos cuando Dios detuvo el pecado.) Si Dios puede hacer esto, mucha gente se pregunta, ¿Por qué entonces no detuvo a Adán de pecar? ¿Por qué no detuvo a Satanás? O como lo expresan muchos en la actualidad, ¿Porqué permite que ocurra tanto sufrimiento y maldad en el mundo? Algunos responden diciendo que Dios quiere detenerlo pero no puede porque no puede violar el “libre albedrío” humano sin reducir al hombre a un robot. Tal respuesta es absurda e indigna de Dios. ¿Quién es el hombre para decir que el Todopoderoso Dios quiere pero no puede hacerlo? La respuesta bíblica apropiada es que tanto el pecado como la caída de Adán son usadas para manifestar mejor la sabiduría y los buenos propósitos de Dios. Entre otras cosas, el pecado provee ocasión para que el amor y la superabundante gracia de Dios sean manifestados.
¿Cómo es posible que Dios detenga a los hombres de pecar sin interferir con su libertad y con su responsabilidad? La respuesta se encuentra en una comprensión de la siguiente pregunta: ¿En qué consiste la verdadera libertad moral? La respuesta es que la libertad moral consiste en la liberación de la esclavitud del pecado. Esto es lo que Cristo expresó en Jn. 8:36, “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Es decir, entre más que uno sea librado del control del pecado será más libre.
Los hombres tienen una definición falsa de la libertad, porque creen que la libertad consiste de ser libres para pecar. La Biblia afirma que el pecado no es libertad sino esclavitud. Esto es lo que Cristo dijo en Jn.8:34: “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace (practica) pecado, es siervo de pecado.”
El hombre natural supone que la única libertad se encuentra en el hecho de no estar bajo ninguna autoridad, ni bajo el control de nadie salvo uno mismo, cumpliendo los deseos de su propio corazón. No obstante, este tipo de “libertad” en realidad resulta ser la peor esclavitud y miseria posible. La Escritura nos dice que Dios no puede ser tentado de los malos (Stg.1:14), que Dios no puede mentir, ni hacer injusticia. ¿Acaso significa que Dios no es libre porque no puede hacer lo que es malo? Ciertamente no. Por lo tanto, cuando Dios interviene y detiene a los pecadores, tampoco esto disminuye ni quita su verdadera libertad. El hombre ya estaba en esclavitud y entonces Dios no ha quitado nada al hombre, sino que ha aumentado su verdadera libertad. Entre más que el hombre sea detenido de pecar y librado de la esclavitud del pecado, mas libertad tiene.
SEGUNDO:
¿Cómo puede el pecador ser responsable de hacer lo que por naturaleza es incapaz de hacer? ¿Cómo puede ser condenado por no hacer lo que es incapaz de hacer?
Algunos han concluido erróneamente que la caída del hombre y su incapacidad espiritual ha terminado con su responsabilidad moral. Dicen que no es posible que el hombre sea tanto incapaz como responsable; dicen que esto es una contradicción. La Biblia responde que a pesar de su depravación y a pesar de su incapacidad, el hombre es entera mente responsable: responsable de obedecer el evangelio, responsable de arrepentirse y confiar en Cristo, responsable de dejar sus ídolos y someterse a Dios.
El hecho de que Dios exija al hombre cosas que éste es incapaz de hacer es una realidad; por ejemplo leemos en la Biblia, “amarás a Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y de toda tu mente”, “sed vosotros perfectos como vuestro Padre en los cielos es perfecto”, “arrepentíos y creed el evangelio”. El hombre no regenerado es incapaz de hacer todas estas cosas, pero esto no cambia su responsabilidad y deber de hacerlas. Dios no puede exigir menos que la santidad y la justicia. Aunque el hombre ha perdido su capacidad, esto no ha anulado ni acabado con su obligación.
Las siguientes ilustraciones servirán para confirmar este punto:
1. Un borracho que atropella y mata a una persona al estar manejando su automóvil, no es considerado inocente (o no responsable), aunque no era capaz de controlar su vehículo.
2. El ladrón que es controlado por la concupiscencia y la avaricia, no puede dejar de robar. Pero el hecho de que no puede dejar de hacerlo no lo hace inocente (no le quita la responsabilidad).
3. La segunda carta de Pedro nos habla de aquellos que tienen los ojos llenos de adulterio y no pueden dejar de pecar”. Pero esto no disminuye en manera alguna su culpa y su responsabilidad.
4. El argumento propuesto por los homosexuales en la actualidad es que son pervertidos por naturaleza y nacieron así. Por lo tanto dicen que no es posible que dejen su pecado. Sin embargo, Rom.l:26-28 dice que reciben en sí mismos la retribución debida a su extravío.
5. La excusa de aquellos que dicen: Así soy y no puedo cambiar, no sirve sino sólo para condenarlos.
6. La persona que tiene una deuda la cual no le es posible pagar. La ley no la excusa por este hecho de su responsabilidad de pagar. En una forma semejante, Dios no ha perdido su derecho de exigir el pago aunque los hombres hayan perdido su capacidad de pagar. La impotencia humana no cancela la obligación ni la responsabilidad.
7. El hecho de que el corazón humano es depravado, el hecho de que ame el pecado y no pueda dejarlo, no hace en ningún modo que uno sea menos responsable de sus pecados. Si no fuera así, entonces entre más depravado y más endurecido que uno llegara a ser, menos responsabilidad tendría. En tal Caso, Dios no podría juzgar a nadie.
Es simplemente un argumento filosófico el que dice que la responsabilidad humana es limitada por la incapacidad. Este argumento conduce a una absurda conclusión de que entre más pecaminoso que uno fuera, menos responsabilidad tendría. El diablo es un buen ejemplo de esto. Nadie duda de la depravación total del diablo. No hay duda alguna de que aborrece a Dios, de que es incapaz de hacer el bien y aún incapaz de arrepentirse. Pero ninguna de estas cosas le hace menos responsable; por el contrario, aumentan su culpa y su condenación.
Ahora es necesario hacer algunos comentarios sobre la naturaleza de la incapacidad humana:
1- El hombre caído no sólo es incapaz de hacer el bien espiritual sino también esculpable de su propia incapacidad.
2- El hombre es culpable porque ha continuado en la misma rebelión de Adán. Este cayó voluntariamente y nosotros en él (Vea Rom.5:12). Pero como una raza, hemos continuado en su rebeldía hasta el día de hoy. Cada ser humano ha participado voluntariamente en la misma rebelión de Adán. El hecho de que ninguna persona dejada a sí misma quiere arrepentirse y volverse a Dios es la prueba de su rebelión.
3- Es necesario entender la distinción entre la incapacidad física (natural) y la incapacidad moral (espiritual). Por ejemplo, hay una diferencia entre la ceguera de Bartimeo y la ceguera de aquellos que cierran sus ojos para no ver. Hay una diferencia entre los que son sordos de nacimiento y aquellos que tapan sus oídos para no escuchar la verdad. La capacidad natural (física) tiene que ver con las facultades que recibimos como seres humanos, por ejemplo: la capacidad de pensar, de hablar, de ver, de oír y sobre todo de escoger. Los hombres tienen mente y voluntad y la capacidad de escoger lo que quieren. ¿Cuál es entonces, el problema? El problema radica en sus deseos”. Por naturaleza los hombres no tienen el deseo de ser salvos; no quieren venir a Cristo. Esto es lo que Cristo señalaba cuando decía, “ninguno puede venir a mí, si no fuere traído por el padre.” Jn.6:44,65) Cuando la Biblia dice que los hombres no pueden venir, significa que la incapacidad es espiritual y moral. No pueden porque no quieren. Así lo dijo Cristo en Juan 5:40, “Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida.” Los hombres no pueden por que aborrecen a Dios y aman sus pecados (Vea Jn.3:19-20 y Rom.8:5-8): Esta incapacidad es moral y espiritual y en ella se encuentra la raíz de la depravación humana.
TERCERO:
¿Cómo puede Dios decretar que los hombres hagan ciertos pecados y después hacerlos responsables por cometerlos?
Para contestar esta pregunta vamos a considerar la traición y la crucifixión de Cristo. El Antiguo Testamento profetizó que Cristo sería traicionado (Zac.11:12) y muerto (lsa.53). En Hechos 2:23 se declara, “A éste (Jesús), entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;” Note que los hombres son inculpados por aquello que fue predestinado por Dios. También Hech. 4:27-28 dice, “Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y el pueblo de Israel, Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho.” Fue el propósito de Dios que Cristo muriera crucificado. Sin embargo, el propósito de los hombres al traicionar y crucificar a Cristo no fue para obedecer a Dios, sino más bien una manifestación de su odio y rebeldía contra él. Judas mismo confesó sus malvadas intenciones en Mateo 27:4, “Yo he pecado entregando la sangre inocente.” Por este motivo Judas fue condenado por Dios. La traición de Judas formó una parte del plan eterno de Dios, pero esto no libró de su responsabilidad a Judas. Cristo mismo afirmó este punto en Lucas 22:22 diciendo: “l Hijo del Hombre se va por el camino trazado desde antes. Pero ¡pobre del hombre que lo entrega!
¿Por qué los creyentes se deben preocupar por orar si Dios ya ha decidido lo que va a suceder? O la pregunta de, ¿Por qué deben hacer un esfuerzo los creyentes para legar a ser mejores personas, si Dios mismo está controlando sus vidas? Tal vez esté pensando que es una injusticia y un agravio de Dios escoger sólo a ciertas personas para ser salvas. En el próximo capítulo intentaremos responder a estas preguntas.
Extracto de: LA SOBERANÍA DE DIOS – CAPITULO 9

lunes, 8 de junio de 2015

Corazón Puro, Iglesia Pura – Leonard Ravenhill


Sabes, creo que una de las tragedias de nuestra era, es que cuando le hablas de santidad a la gente le causa más temor la santidad que él pecado. Una de las cosas en la Iglesia dentro y fuera de ella, es una lamentable... yo la llamaría, una comodidad lamentable o vergonzosa con el pecado.

¡TEMBLAD! Grandes Predicadores del Evangelio 1-3


Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. Isaías 66:2 ¡TEMBLAD!

sábado, 6 de junio de 2015

¿Ayunar para recibir el Espíritu Santo?


La iglesia universal del reino de Dios manda a sus seguidores a abstenerse 40 dias de ver inclusive los partidos del mundial.

¿ que tiene que ver abstenerse 40 dias de television y medios de comunicacion con el Ayuno de Jesus de 40 dias en el desierto? SI ALGUIEN PIENSA QUE POR ABSTENERSE 1,2 o 40 DIAS DE INTERNET,TV,RADIO,REVISTAS,ETC SE HACE MERECEDOR DE ALGO POR PARTE DE DIOS,IGNORA POR COMPLETO LAS ESCRITURAS.. ¿Qué tan bíblico es esto? ¿Se recibe el Espíritu por obras o por el oír con fe?
 ¿DICE LA BIBLIA QUE TIENE ALGUN VALOR ABSTENERSE DE ESTO Y DE LO OTRO?

(Col 2:20-23)  Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué,  como si vivieseis en el mundo,  os sometéis a preceptos tales como:  No manejes,  ni gustes,  ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres),  cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario,  en humildad y en duro trato del cuerpo;  pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.
¿Qué debemos hacer para recibir el Espíritu Santo?
El apóstol Pedro le dijo a los judíos: ''... Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesus para perdón de los pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo'' (Hechos 2:38).
Él  mandó a arrepentirse y a bautizarse en las aguas, y de esta manera, dijo Pedro, recibirían el  don del Espíritu Santo. ''El don del Espíritu Santo'' se refiere al mismo Espíritu, es decir, a la investidura de Poder de lo Alto. ''Don'' significa: ''Dádiva gratuita o regalo''. El don del Espíritu Santo es un regalo que Dios le da a cada creyente obediente; se lo da de forma inmerecida y gratuita, sin que el creyente tenga que hacer alguna obra para obtenerlo. Pero lo único que debe hacer el creyente es arrepentirse, o sea, cambiar de disposición mental y bautizarse (aunque bíblicamente algunos recibieron el Espíritu Santo antes de bautizarse en agua, como lo fue el caso de Cornelio y los que con él estaban (Hechos 10:44:48).
''Esto solo quiero saber de ustedes: ¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?'' (Gálatas 3:2). ¡El Espíritu se recibe por fe, no por obras!
Decir: ''Voy a ayunar para que Dios me bautice con el Espíritu Santo'', es totalmente incorrecto; porque si el Espíritu se recibe por alguna obra que hagamos, entonces ya no es por gracia ni por fe, o sea, ya no sería una dádiva gratuita, sino algo adquirido por obras. ¿Se puede adquirir el Espíritu Santo con un ayuno? No; ni con ayuno ni con alguna otra obra, sino arrepintiéndose de sus pecados. Ahora bien, que alguien, mientras esté ayunando, reciba por primera vez el Espíritu Santo, es otra cosa.
Además, el tiempo lo determina Dios; por eso el Señor  le dijo a los discípulos: ''He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre ustedes; pero quédense ustedes en la ciudad de Jerusalén, hasta que sean investidos de poder desde lo alto'' (Lucas 24:49). ¡Dios fue quien determinó el tiempo para los apóstoles! Y sabemos que esto sucedió aproximadamente 50 días después que el Hijo de Dios ascendió al cielo, el dïa de Pentecostés. Así también es Él quien determina el tiempo en que nosotros vamos a recibir el Espíritu Santo. 
Es incorrecto que alguien se proponga ayunar y no entregar el ayuno hasta que el don del Espíritu Santo no sea derramado sobre él. ¡No podemos apresurar el tiempo de Dios, porque, como es muy dicho por muchos, el tiempo de Dios es perfecto!
El Espíritu se recibe por fe, no por obras. Los primeros discípulos recibieron el Espíritu por fe, cuando los apóstoles imponían las manos sobre ellos, o simplemente al momento de creer.
Hoy en dia hasta se llegan a hacer "propositos",se coloca dinero en un sobre para que Dios derrame de su Espiritu sobre el creyente,una total y absoluta herejia.
Hubo un hombre llamado Simón, el cual quiso comprar el don del Espíritu Santo con dinero, y Pedro le mandó que se arrepintiera (Hechos 8:18-23), porque el don de Dios no se obtiene con dinero o con obra alguna, sino por la gracia y la misericordia de Dios.
Y a los que han querido comprar o obtener el don de Dios (que es el Espíritu Santo) con obra alguna, la misma Escritura le testifica en contra, diciéndoles:
''Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón (Hechos 8:22)''
Mat 6:16-18)  Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros PARA MOSTRAR A LOS HOMBRES  que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
  Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,
 PARA  NO MOSTRAR A LOS HOMBRES que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

¿QUE  DIFERENCIA NO?

HOY SE LO ANUNCIA HASTA POR INTERNET QUE ESTAN “AYUNANDO”.
PERO EN REALIDAD LO QUE PRETENDEN CON ESTO ES NO DEJAR QUE SUS SEGUIDORES TENGAN CONTACTO CON LA VERDAD

Devocional: Leonard Ravenhill - Agonía.


Leonard Ravenhill AGONÍA¡¡
Nunca hemos visto la muerte atroz de un hombre en la cruz. 



En cuanto un hombre era clavado en la cruz, perdía sus derechos. 
Es decir, si llegaras a ser clavado en la cruz, vas a perder todos tus derechos también,

viernes, 5 de junio de 2015

Devocional: Una Ola de Quebrantamiento - por David Wilkerson.


Medio día de predicación no fue suficiente para los hambrientos israelitas. Querían más de la palabra de Dios. Así que formaron grupos, con diecisiete ancianos en adición a Esdras, para estudiar la palabra el resto de día. Ellos hacían entender al pueblo la ley: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (Nehemías 8:7-8).
A medida que el pueblo asimilaba la ley de Dios, empezaron a gemir por sus pecados. “todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley” (8:9).

Imagínate esta escena: Cincuenta mil personas esparcidas en un campo abierto, gimiendo por sus pecados al unísono. Como un martillo, la Palabra de Dios había quebrantado su orgullo. Y ahora, el eco de sus gemidos se oía a kilómetros por sobre las montañas.
¿Es esto lo que sucede durante el avivamiento? ¿Es la palabra tan penetrante y poderosa que hace que las personas caigan de rodillas, llorando y arrepintiéndose ante Dios?

Yo he vivido estas santas reuniones. Cuando era un niño, mi familia iba a campamentos en “Aguas Vivientes” en Pennsylvania. La segunda venida de Jesús se predicada con tanto poder y autoridad que todos estaban convencidos de que Cristo regresaría en menos de una hora. Un temor santo invadía a los hermanos que caían sobre sus rostros. Muchos lloraban, como si sus vidas dependieran de un hilo para no caer al infierno, quebrantados, apenados por el pecado.

A menudo, la Palabra de Dios se predicaba todo el día y hasta la noche. Temprano al otro día, aún se podían ver hermanos postrados en el salón de oración, gimiendo por sus pecados. Inclusive algunos tuvieron que ser cargados fuera del salón.

Fue en una de esas noches que el Señor me llamó a predicar a la edad de ocho años. Estuve en el Espíritu por horas, quebrantado y llorando, mientras que la Palabra de Dios cobraba vida en mi corazón. El regreso de Cristo ardía dentro de mí como una inminente realidad y nunca olvidaré esa maravillosa experiencia.
El testimonio de Dios no es que Su pueblo esté postrado con la cabeza en tierra, llorando ríos de lágrimas. No, el testimonio que Él quiere traer en Su pueblo es de gozo – genuino y duradero gozo. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10). Este gozo, que es el resultado de las enseñanzas bíblicas y del verdadero arrepentimiento, trae verdadera fortaleza al pueblo de Dios y atrae a los pecadores a Su casa.

La mayoría de los cristianos nunca asocian el gozo con el arrepentimiento. Pero el arrepentimiento es en realidad el origen de todo gozo en Jesús. Sin arrepentimiento no puede haber gozo. Sin embargo, cualquier creyente o congregación que camina en arrepentimiento será inundado con el gozo del Señor.

TOMADO DE LA WEB DE DAVID WILKERSON

Cómo experimentar la presencia de Dios en mi vida.



Cómo experimentar la presencia de Dios en mi vida
El gran anhelo de muchos es experimentar la presencia de Dios en su vida, sin embargo no lo logran. Veamos por qué a continuación.

Una de las cosas más maravillosas de ser cristiano es la de poder experimentar la presencia de Dios en nuestras vidas, sin embargo y muy tristemente, muchos que dicen serlo no lo logran, y se pasan la vida asistiendo a la iglesia y haciendo todo lo que tienen que hacer pero sin sentir jamás a Dios.

Dios para muchos es un extraño y lejano personaje de quien hablan y oyen hablar, pero sin jamás poder sentir su maravillosa presencia. Tratan de mantener una relación con Dios según dicen, orando y leyendo su Palabra pero sin sentir la más mínima emoción en el proceso.

Sin embargo, no pueden entender que hay tan solo una razón para ello y es que muchos de los que se denominan a sí mismos cristianos, en realidad no lo son porque no basta solamente con asistir a la Iglesia, ser voluntario, pertenecer a un grupo de oración y estar matriculado en cuanta actividad se presente en la misma para garantizar que alguien sea cristiano.

Existe un precio para ser cristiano y eso es lo que muchos no saben o simplemente no quieren saber porque no les conviene, porque no están dispuestos a asumir la verdadera responsabilidad que conlleva el serlo.

El arrepentimiento trae la presencia de Dios a mi vida.

En muchas de las iglesias de hoy los pastores suelen decir a la gente que para ser cristianos y recibir la vida eterna solo tienen que invitar a Jesús a su corazón, y entonces después de hacerlos repetir una oración sin sentido, los matriculan como cristianos. Nada más lejos de la realidad que eso. Jesucristo no entra en la vida de nadie a menos que se arrepienta de corazón de todos sus pecados y esté dispuesto a someter su vida completamente a Él.

Solamente el arrepentimiento sincero puede traer la presencia de Dios a nuestras vidas, permitiéndole al Señor tomar las riendas de esta; lo demás es propaganda barata de muchos para llenar sus iglesias sin ningún reparo y sin el más mínimo temor de tener que rendir cuentas a Dios por todas esas almas perdidas a las que les hicieron creer que eran salvas.

Pero arrepentirse es mucho más que decirlo. La palabra arrepentimiento viene del vocablo griego “metanoeo”, que significa cambio de mente en dirección contraria con respecto a algo, en este caso, se refiere a un cambio radical de nuestra mente con respecto al pecado.

Es arrepentirse, confesarlo, dar un giro de 180 grados y comprometerse con Dios, comenzando una relación correcta con Él y dejando definitivamente el pecado atrás. Es tomar la decisión de romper radicalmente con el pecado y comenzar desde cero con el Señor, llevando una vida fructífera como Él mismo lo demanda. Es someter cada área de nuestra vida a la Voluntad de Dios.

Jesucristo lo dijo en Lucas 14:33 “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Jesucristo, contrario a lo que muchos afirman, confrontaba a la gente y por eso muchos no quisieron seguirlo, como en el caso del joven rico (Mateo 19:16-22) y otros mencionados en Lucas 9:57-62.

¿Significa esto que al seguir a Cristo Él nos quitará todo lo que tenemos? No, simplemente que cuando decidimos seguirlo debemos poner todo lo que tenemos bajo su autoridad, relaciones, familia, trabajo, dinero, decisiones etc.

Sí, Dios lo quiere todo, pero es que Dios también nos da todo. Es un trato justo no te parece? Es por eso que si realmente queremos experimentar la presencia de Dios en nuestra vida, lo único que tenemos que hacer es entregarle por completo nuestra vida a Él, y créeme, lo demás vendrá por añadidura (Mateo 6:33).

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